Andanzas de un Rey Proscrito en el Reino del Dragón.

Una restrospectiva de la China de 1904 contada por el aventurero y rey carlista, Jaime de Borbón  

Fuente : El Príncipe caballero. 1909.Jaime de Borbón. Francisco Melgar.

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 En 1900 surge la insurreción de los boxers; para luchar contra ese movimiento que amenazaba con dar término para siempre a la influencia europea en el Imperio Celeste, las principales potencias decidieron enviar a Pekín contigentes de de tropas destinadas a proteger la vida de los cristianos.

Yo que entonces – cuenta don Jaime – formaba parte del regimiento de la Guardia de Húsares de Grodno, de guarnición en Varsovia, me entusiasme enseguida con la idea de aquella campaña, que iba a ser una especie de cruzada, y quise a todo trance tomar parte en ella. Formé el propósito de ir a hablar al Emperador a San Petersburgo para pedirle licencia de seguir la guerra como voluntario; Nicolás II me escuchó con gran bondad y comprendiendo que en su mano estaba el proporcionarme una alegría inmensa

En estas frases relatadas por don Jaime está condensada toda la génesis de la campaña de China :

Los boxers eran los miembros de una de las numerosas Sociedades Secretas, políticas y religiosas que pululaban a la sazón en China ; Se llamaban de su verdadero nombre los I-Ho-Kien (luchadores para la justicia y la concordia), reunión de iluminados, fanáticos y de convulsionarios que llegó a contar con numerosos adeptos, sobre todo entre los jóvenes letrados, más aptos que los demás para conseguir el apatecido estado de perturbación nerviosa.Para entrar en la secta, en efecto, se precisaba de una iniciación : gritos ensordecedores, contorsiones musculares, esgrima desenfrenada con la lanza y el sable; toda suerte de prácticas supersticiosas para obrar sobre el espíritu y de sugestiones para apagar la sensibilidad.

Desde principios del mes de junio, la situación era muy seria : los boxers asesinanaban en masa a los cristianos, quemaban las traviesas de los ferrocarriles y los postes telegráfficos, cortaban el puente del Yang-Tson.

Por regla general los chinos que encontrabamos en los pueblo por donde luchabamos se portaban admirablemente con nosotros; nos traían cubos de agua, alimentos y querían ayudarnos a todo trance esperando así salvar la vida; la mayor parte de ellos estaban muertos de miedo. Por mi parte he salvado a cuantos he podido. En esta campaña los chinos me llamaban Shan Kusa – el capitán de los pantalones colorados- ; yo era, en efecto el único oficial ruso que llevaba, así como otro compañero de mi regimiento el uniforme de húsar.

Nos asombró la buena calidad de los cañones que usaban los rebeldes chinos. Verdad es que, bajo la cuerda, contaban con el apoyo oficial.El Emperador chino, que en un principio condenaba la insurreción de los boxers, creyó la ocasión oportuna para escapar definitivamente a la inlfluencia de los extranjeros, y permitió finalmente que sus generales hicieran causa común con los rebeldes.

La toma de Pekín y el desfile triunfal de los ejercitos aliados no habían puesto fin a aquella guerra de China que se prolongaba en escaramuzas continuas. Con mi regimiento fuí destinado a ocupar aún durante unos meses la ciudad de Shan Hai Huan, donde estramos unas semanas antes de la ocupación de Pekín

La enfermedad, cuyos primeros alcaneces sentí en Shan Hai Huan, era el tifus, y no tuve más remedio que ir a curarme al hospital militar de Nagasaki, que las autoridades rusas habían destinado para la Marina.

En Nagasaki me visitó con frecuencia Pierre Loti, que a la sazón era teniente de la Marina Francesa; intimamos basatante durante aquellas largas semanas y más tarde Pierre Loti recordó nuestras conversaciones en Nagasaky en uno de sus libros : “La seconde jeunesse de madame Prume”. Pierre Loti era un excelente oficial, que nunca, por nada del mundo, hubiera faltado a una de sus obligaciones profesionales ; sin embargo no me hizo la impresión de ser tan brillante en su conversación como podía dejarlo suponerlo la calidad de su talento.Una noche, apenas estuve restablecido, recuerdo que me convidó a una esquisita cena japonesa, preparada según todas las exigencias y ritos del país., en la preciosa casa que ocupaba cerca del gran puerto japonés; allí pasé las mejores horas de mi convalecencia.”

(*) Jaime de Borbón.

Jaime de Borbón y Borbón Parma (1870-1931), Rey de Nabarra, pretendiente carlista al Trono de España bajo el nombre de Jaime III, prentendiente al trono de Francia bajo el nombre de Jacques I. Capitán del Ejército Ruso durante la Campaña de Manchuria. Miembro de la organización sindicalista francesa CGT. El carlismo durante bajo su reinado se conoció como jaimismo y a él se deben las grandes reformas de tinte socialista y federativo que sufrió el carlismo durante la época de la II República. Bajo su mandato los carlistas colaboraron con el PNV en la elaboración y defensa del Estatuto de Estella, en el cual se proponía un “Estado Vasco”, y apoyaron el Estatuto de Cataluña en el referéndum de 1931. Tras su muerte el carlismo cayó en un ostracismo tradicionista-integrista. A él se deben algunas de las ideas reformistas de los años 30 del carlismo, que tras los 60 resurgirían en el movimiento carlista :

Cuando se ha tratado de mejorar las condiciones sociales del obrero, me han parecido siempre tibias todas las reformas e insuficientes todos los esfuerzos; me considero y me he considerado siempre como un socialista sincero, en el sentido exacto de la palabra, y nadie podrá negarme que en todo momento he hecho cuanto he podido para conocer las necesidades verdaderas del pueblo y procurar que se considerara la cuestión social como el problema esencial para todos los hombres de gobierno

España vendría a ser una confederación de Repúblicas sociales gobernadas por la Monarquía; reconocida a las regiones su personalidad jurídica, su legislación autónoma, sus libertades administrativas, judiciales y universitarias

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